DUDAS Y CERTEZAS

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Sexo con robots. Por Marcelo Mosenson

2017-03-31

 
En la comedia futurista, El dormilón, Woody Allen, su protagonista, tiene en el living de su casa un Orgasmtrón. Un artefacto en forma de cilindro vertical con capacidad para una o dos personas, diseñado para inducir orgasmos rápidos en quienes se introduzcan en él. La película realizada en 1973 ubica su historia en el año 2173.
 
Lo que en Woody Allen generaba risa hoy se ha convertido en un asunto tan serio como real. "Dentro de muy poco será posible tener relaciones sexuales con robots que accionen y reaccionen a nuestros movimientos", explica el director del Instituto de Tecnología de Estocolmo, Henrik Christensen. Son numerosos los especialistas que estiman que la próxima oleada tecnológica cambiará el modo en el que pensamos nuestros vínculos sexuales.
 
Actualmente, la empresa Real Dolls, fabrica sofisticadas e hiperrealistas muñecas de silicona con gran éxito de ventas. Su precio puede llegar hasta los ocho mil dólares, lo que no fue un obstáculo para que se vendieran miles en los últimos tres años.
 
Sin embargo, los prejuicios (o juicios) que lo rodean son muchos. Sus usuarios no suelen hablar públicamente del tema, sino que recurren a grupos secretos de Facebook o foros secretos con seudónimos para compartir sus experiencias.
 
Desde hace un par de años los ingenieros de estas muñecas están trabajando para dotar de personalidad a las muñecas, creando algoritmos que les  permitan “escuchar” a sus dueños y responder a sus preguntas, comentarios y pedidos. La idea es que estos robots logren seducir aún más a los humanos, comprendiendo y accediendo (o no) a sus pedidos. En varios reportajes, McMullen afirmó que busca que sus robots puedan no sólo tener sexo con sus dueños sino también enamorarlos.
 
"Los robots seguramente van a ser diferentes a la hora del sexo que los seres humanos, ni mejores ni peores, pero los seres humanos también somos todos diferentes. El robot no va a poder reemplazar al ser humano en muchos aspectos pero en otros sí. Un encuentro sexual con un robot seguramente va a poder ser muy intenso y excitante, pero la sexualidad incluye otros aspectos, emocionales por ejemplo, que van a ser más difíciles de imitar"
 
"Creo que van a ser muy útiles para cumplir algunas fantasías como tener tríos o experiencias de sexo grupal donde el temor a que uno de los miembros de la pareja se involucre emocionalmente con el tercero suele ser muy frecuente".
 
Otros de los argumentos a favor de esta tecnología es que podrían ser la herramienta ideal para, en un futuro, erradicar para siempre el trabajo sexual.
 
"Es un prejuicio pensar que las relaciones sexuales de una persona sólo pueden ser tenidas con otro humano. La sexualidad requiere de flexibilidad y de adaptación a los cambios. La sexualidad es una sola y recorre la historia, pero sus formas fueron cambiando a lo largo del tiempo y así seguirá siendo. La sexualidad del futuro es difícil de imaginar pero seguramente incluya a los robots entre nuestras sábanas" afirma McMullen.
 
Es cierto que con prácticamente todo avance tecnológico siempre han habido detractores. La Iglesia, por ejemplo, estuvo en contra de la creación de la imprenta. Ya que a partir de la posibilidad de reproducir de forma ilimitada los textos sagrados, el saber y el conocimiento se democratizarían. En consecuencia, la Iglesia perdería parte de su poder.
 
 
Evidentemente, hoy nadie dudaría  de los enormes beneficios que implicó la creación de la imprenta de Johannes Gutenberg. Lo cual no equivale a justificar cualquier avance tecnológico por igual, aduciendo que todo avance técnico siempre ha suscitado resistencias.
 
 
 Mientras que ciertas tecnologías responden con su mera creación y uso al porqué de su existencia, otras parecieran dar una suerte de per saltum a un mero para qué de su innovación, sin reflexionar acerca de su porqué.
 
Si el para qué de estos artefactos sexuales es la de obtener orgasmos sin perjudicar a nadie, la solución resulta encantadora. Pero si nos planteamos el porqué de una ortopedia emocional, el futuro tecnológico que se nos avecina es espeluznante. Como si nuestra sociedad de consumo nos estuviera diciendo: “no resuelvan sus problemas y limitaciones emocionales, es más, sigan así que la ciencia les va a proveer de las aspirinas necesarias para paliar sus enormes limitaciones. A cambio, sólo les pedimos que compren nuestras maravillosas invenciones.
 
La ciencia ha construido una industria fabulosa en anestesiar nuestro dolor, siendo el sufrimiento sus mayores efectos secundarios. Porque el dolor es una señal que nos permite reaccionar sobre lo que debemos mejorar, corregir o madurar.
 
Si el enamoramiento es ya una suerte de locura temporaria, el enamorarse de una muñeca es la apología de la cosificación del otro. Como no logro que el otro actúe como un objeto, prefiero una cosa. Unos argumentarán a favor de las muñecas que probablemente gracias a ellas las violaciones irían en descenso. Mientras que yo me animo a imaginar que por el contrario, otros pretenderán que las mujeres de carne y hueso se comporten como muñecas. Ah, perdón, esto ya está sucediendo gracias a la pornografía.

  • 31.03.2017
  • Sociedad
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