DUDAS Y CERTEZAS

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Insistencia vs indiferencia. Por Marcelo Mosenson

2017-03-23

En la era de las comunicaciones nunca ha sido tan complicado traducir las reacciones de los otros y diferenciar el texto del subtexto.
 
Un viejo amigo me llama noches atrás para relatarme su decepción acerca del encuentro que supo tener con una mujer.  Había tenido una interesante e íntima conversación durante el vuelo que lo trasladaba  de París a Roma. Se intercambiaron sus respectivos números telefónicos.
 
Al las pocas horas de llegar al hotel decidió escribirle vía WhatsApp para proponerle un encuentro. Las dos rayitas azules de la aplicación indicaban sin duda alguna que el mensaje había sido leído por la pasajera. Silencio. ¿Qué hacer? Es innegable que la falta de respuesta es una respuesta en sí, le respondo de forma improvisada. Pero aún así, tanto mi amigo como yo no podíamos dejar de sentir que su falta de respuesta (y de respeto) fuera desconcertante.
 
De forma casi simultánea una amiga me comparte su rabia después de haber sido invitada a compartir un viaje a un destino lujoso como exótico. Su príncipe azul,  quien le había tratado como una reina mediante una cascada de mensajes mientras aún, ambos se encontraban alejados en países distintos, se tornó un iceberg emocional durante el viaje.
 
Las cartas manuscritas comunican más allá del texto. Desde el papel, la elección del sobre y el trazo permiten una lectura que le exceden.
 
Cuando no existían los teléfonos celulares uno podía padecer la falta de respuesta de un llamado, pero de no sucumbir uno en la negación, la voz lo decía todo. Todos hemos vivido algún te quiero desautorizado por el propio cuerpo o uno ajeno, a juzgar por la inflexión de la voz. De la misma manera que casi indefectiblemente cuando uno busca trabajo, la expresión nos pondremos en contacto suele significar que no lo harán jamás.
 
Con el avance de la tecnología se fue construyendo un protocolo acordado por todos y por nadie en donde el cuerpo que representa  la voz es de todas las instancias la más inaccesible. El primer paso es ocupado por el mensaje de texto. Luego, los mensajes de voz asincrónicos vía WhatsApp son la eventual antesala de una conversación en vivo y en directo.  Por último, el video suele sólo reservarse a relaciones muy establecidas, a no ser que se trate de una entrevista de trabajo a distancia.
 
Todas esas instancias provocan una serie de interpretaciones al infinitum. Bien pudo alguien no haber abierto nuestro mensaje y por eso suponer que no lo leyó. Lo cual no simplifica las cosas. Muy por el contrario, todos sabemos que al estar pendientes continuamente de nuestros teléfonos sabemos cuando tenemos un mensaje sin leer. A su vez, todos poseemos la capacidad de leer aunque más no sea la introducción de un texto sin necesidad de abrirlo, haciendo creer al emisor que aún no fue leído.
 
Otras de las interpretaciones que solemos realizar es medir con qué rapidez nos leen y nos responden. He escuchado  a mujeres especializadas en el arte de la seducción que emplean la táctica del frío caliente. Luego de cautivar a su presa lo enfrían leyendo sus textos para no responderle por tiempo indeterminado. Luego reaccionan amorosamente respondiendo de forma inmediata oscilando así, sucesivamente, hasta que el hombre quede enganchado. También están quienes necesitan de la insistencia como para sentirse suficientemente valorados en su autoestima antes de proseguir con el juego.
 
Visiblemente alterado por las expectativas puestas en su pasajera no supe bien qué responder a mi amigo. Enviar un nuevo mensaje redoblando la apuesta era una opción, pero  no es gratis si uno teme a la  sobreexposición o perderlo todo por ansioso.
 
La insistencia suele ser un valor importantísimo  a la hora de intentar conquistar logros. Pero en lo que respecta a las relaciones eróticas, la reiteración está indiscutiblemente en baja. La seducción contemporánea pareciera esquivar al cuerpo cuando este tiene ansias de intimidad y, por consiguiente, de vulnerabilidad. Los cuerpos se juntan a condición de eludir lo íntimo.
 
Todos declaramos buscar relaciones honestas, sinceras y fluídas, a la vez que deseamos la existencia de obstáculos, misterios y complicaciones que nos permitan gozar de la conquista.
 
Aún no he tenido noticias de mi amigo  por lo que asumo que tampoco lo habrá hecho su pasajera, mientras que mi amiga se comprometió a ser menos crédula en el futuro. 
 
En el juego de la seducción los verdaderos ganadores no sólo persisten en su empeño sin medir las consecuencias, sino que a su vez  tienen claro qué batallas pasar por alto.
 
@MMosenson
 

  • 23.03.2017
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